martes, 11 de enero de 2011

The Films That Time Forgot: Un Cubo de Sangre (1959)



Roger Corman es un director y productor que desde que empezara su carrera a mediados de los 50 no ha perdido un solo dólar de sus inversiones cinematográficas, o al menos así lo afirma el. El llamado Rey de la Serie B, capaz de lo mejor y de lo peor, dirigió alrededor de 40 películas, nada menos, entre el 55 y el 64, muchas de ellas autoproducidas. Pero entre toda esta explosión de creatividad y bajo presupuesto, está claro que no todo puede ser bueno, y entre estas 40 películas encontramos de todo, películas de rock, de surferos, ciencia ficción barata, adaptaciones de Poe con guión de Richard Matheson, terror, y bueno… cosas inclasificables, algunas en color, otras en blanco y negro, sin importar el estilo o la fecha para este claro indicador de presupuesto como era el color en los años 50.
Ciertamente la película de hoy, Un Cubo de Sangre (1959), es un poco inclasificable, una de esas producciones de AIP (American International Pictures) en las que alternando el habitual exploitation del que hace gala esta productora, daban vía libre a Corman para que hiciese lo que le diera la gana. La película es una mezcla de terror, sadismo y humor negro, que trata sobre un tímido trabajador de un bar (podríamos catalogarlo más específicamente como “inocente deficiente mental”). En ese bar de moda se dan cita muchos artistas, pintores, escultores y demás, de los que Max (Dick Miller, una presencia casi constante en las películas de Corman de esta época) le gustaría formar parte. Como es un auténtico negado para la escultura, no sabe qué hacer, hasta que un día, por accidente, mata un gato y decide utilizarlo como base para una escultura. A partir de aquí, asombrados por el realismo de su obra, Max empezara a asesinar personas para seguir haciendo asombrosas esculturas.
Rodada en blanco y negro, se trata de una de las películas de Corman que maneja un presupuesto más bajo, pero que no obstante y sorprendentemente, lo aprovecha de manera asombrosa. La película está totalmente desprovista de elementos que puedan encarecerla, ni color, ni apenas algún efecto especial, solamente un buen guión, una gran interpretación de Dick Miller (que a veces lo hacía bien, a veces mal, a veces cameos, pero que sin duda tiene aquí una de sus mejores interpretaciones), un escueto reparto y unos escenarios simples; desde luego, podría pasar por una simple obra de teatro.
Cierto es que la película, al ser barata, tiene algún que otro defectillo, siendo el más llamativo que las “magnificas obras de arte” de Max son una autentica birria, desde luego el responsable de hacer las esculturas para la película no era ningún Miguel Ángel, pero tal vez este detalle incluso contribuya a la atmosfera de humor negro que rodea la película.
Se trata de una película totalmente olvidada y que ha acabado en mis manos por mi incesante búsqueda de Corman, del que he visto la mayor parte de sus películas (aún me queda alguna por encontrar), pero aunque no sea recordada, tiene influencia en algunas películas más recordadas. La misma Tienda de los Horrores (1960) de Roger Corman tiene algunos elementos sacados de ésta película, pero sin duda el caso más llamativo es el de la obra de culto de Martin Scorsese ¡Jo, Que Noche! (1985), en la que se encuentran detalles claramente extraídos de Un Cubo de Sangre.

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