jueves, 18 de noviembre de 2010

Un Clásico, Waterloo (1970)

Para seguir rellenando un poco, una de esas películas desconocidas para casi todos, que encontré casi por casualidad, y que me parece estupenda.
Waterloo (1970), dirigida por Sergei Bondarchuk y protagonizada, entre otros, por Orson Welles y Christopher Plummer. Es una extraña colaboración entre Italia y la URSS orquestada por Dino de Laurentiis, que es de las pocas veces que semejante personaje, productor de cualquier subproducto de serie B (italiano o no) es capaz de montar una buena (y bastante buena) película. También resulta curioso que no participe Francia en el asunto, o no tan curioso, es bastante factible que aunque el protagonismo de la película recaiga en el bando francés más que en el bando algoprusiano, pero claro, es que salieron escaldados y tampoco es plan de tirar piedras contra el propio tejado.
La película está dividida en dos partes claramente diferenciadas. En la primera hora se prepara el terreno para la batalla, consiste en una serie de acontecimientos, previos, que nos van situando en escena a los personajes, son escenas cotidianas de vida política, no se trata de una preparación militar (lo digo por qué no se tome literal lo de preparar el terreno, me refiero a los acontecimientos previos, regreso de Napoleon, etc).
Tras esta hora, que no se hace larga, nos encontramos ya con la batalla, que dura la siguiente hora de película, hasta el final, y sin duda es la mejor parte de la película, y una de las mejores batallas que he visto en alguna película. La batalla está muy bien documentada, y muy bien realizada, el terreno, las condiciones, las tropas y demás están llevados a escena con una precisión milimétrica.
Pero lo mejor de la batalla no es el tema técnico en cuanto a las acciones bélicas en sí, ese asunto puede sustituirse perfectamente leyendo el capítulo de Los Miserables (de Victor Hugo) referente a la batalla de Waterloo, que narra a la perfección los hechos acaecidos. Lo mejor de la batalla es la pericia con la que está rodada. Bondarchuk demuestra ser un auténtico maestro en el rodaje de escenas bélicas, ya que en esta película, a diferencia de la gran mayoría, la acción puede seguirse a la perfección. Las tomas quedan limpias, sobre todo varias tomas aéreas, y no hay ningún tipo de confusión, como los tan habituales movimientos bruscos de cámara, o los temblores que dan un “efecto de velocidad y confusión” a la acción y que no obstante se usan con objeto de encubrir carencias técnicas, para que el espectador se sienta por una parte abrumado por la acción, pero por otra no pueda distinguir bien que ocurre.
Todo este efecto lo consigue Bondarchuk recurriendo a unos cuantos miles de extras del Ejército Rojo, que se enfundan en trajes de época, además de una gran variedad de medios técnicos, como son una abundante pirotecnia (siempre de agradecer) y las ya mencionadas tomas aéreas.
Para finalizar remarcar dos de las mejores escenas de la película, una es la carga, rodada a cámara lenta, de los escoceses. La otra es el tramo final en que los coraceros franceses cargan contra los cuadros ingleses, momento cuasi catastrófico en que la batalla parecía decidida a favor de Napoleon (que cantó victoria) y que no obstante fue el punto de inflexión que determinó la victoria de Wellington.
En resumen, una película redonda, y muy desconocida, del director de la ganadora del Oscar Guerra y Paz (1968).

 Para disfrute del personal, incluyo un video que recopila escenas de toda la película, recordemos que la película es del año 70, no existen ordenadores, todo esta hecho a base de extras, pirotecnia y demas medios "artesanales". El resultado, realmente grandioso, pone los pelos de punta. Cineastas de hoy, aprendan, ésto es cine.

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