lunes, 22 de noviembre de 2010

Ídolos de Paja: Malditos Bastardos (1 de 3)

La sección Ídolos de Paja va a ir dedicada a todas esas películas (y/o resto de cosas) que la mayoría de la gente tiene en un pedestal por alguna razón que yo realmente no alcanzo a comprender, ya que a mí me parecen una mierda, o en el mejor de los casos, una cosa normal y corriente que en ningún caso debería ser idealizada en la medida que se hace, o en algunos casos, ni siquiera se aportan razones, simplemente se tiene una imagen de “perfección” de algo, sin realmente saber la causa, y cuando a uno le da por descubrirlo, todo acaba en una grata decepción. Sin duda, este mes el premio se lo lleva la ciudad de Helsinki, sitio del que tenía una imagen mental de modernidad y desarrollo y que ha resultado ser una castaña anclada en los 70, pero por ahora estamos a cine, ya rajare de Helsinki otro día.
Hoy la sección va dedicada a la película Malditos Bastardos, una película que ya mucho antes de su estreno, solo por el director y el título ya estaba predestinada a ser una de esas obras encumbradas incluso a pesar de que nadie la había visto. Tras el estreno y las primeras semanas, se confirmó, una amplia mayoría de seguidores sin criterio acérrimos del cine de Tarantino, así como una incomprensible mayoría de gente con criterio ensalzaron la película, dedicando elogios como “mejor película del año” o “mejor película de Tarantino”, y una de las frases más escuchadas entre todos era “una de las mejores películas que he visto nunca” (eso quien no decía directamente que era la mejor). La Academia americana decidió, en uno de esos momentos de falta de criterio propio en los que recurren a la opinión de masas, hacerla candidata a 8 Premios Oscar, incluyendo Película, Director, Guión original y Actor de Reparto (este es el único coherente). No obstante, a la hora de la verdad, en otro de esos momentos en los que deciden cagar en su propia mano y restregársela por la cara, le dieron 6 (¡toma ya!) a En Tierra Hostil (de la que rajare otro día), y en cambio los Bastardos solo recibieron 1 (tal vez solo debiera haber sido nominada a ese y a la banda sonora).
Pero empecemos por el principio, antes de destripar la película, escena a escena, comentemos un poco todo lo que fue antes. Tarantino tenía en mente, desde hace muchos años, hacer una película bélica, del estilo de Doce del Patíbulo, Los Cañones de Navarone, etc, de esas que tratan de un comando infiltrado en territorio enemigo, películas que son muy de su gusto (y del mío también) y que de haber conseguido lo que se proponía seguramente hubiese resultado en una buena película. No obstante, durante los últimos años Tarantino se embarullo en unos cuantos proyectos dispares, películas que iba a rodar y acabo rodando otro, o nunca se hicieron, así como películas como Death Proof que no estaban planeadas y se acabaron haciendo. Mientras tanto, intentó dar forma a Erase una vez en la Francia Ocupada, título provisional que acabo tomando el primer capítulo, y tantas ideas tenía en la cabeza, y tan poco oficio en saber separarlas, que acabo escribiendo 3 guiones diferentes, que acabaron confluyendo en uno. Es precisamente ese punto, la inconsistencia, confusión y mezcla de historias del guión lo que hace de esta película una entretenida sucesión de sketches, aptos para hacer una serie (la mitad podrían haber funcionado como episodios de Blackadder), o que podrían ser esbozos inconsistentes de diferentes películas, separadas entre sí (aunque con alguna relación) que debieran haber tomado algo más de forma. Al final la película se tituló Inglorious Basterds, en “homenaje” a la película Inglorious Bastards, título británico de la película italiana Quel Maledetto Treno Blindatto (1978), película barata de comandos, que tenía un cierto toque Tarantino en el comportamiento gamberro de algunos de los personajes principales. Ahora, pasemos a la película en si.

Érase una vez en la Francia ocupada por los Nazis
La película empieza de forma espectacular, hay que reconocerlo, una banda sonora de Morricone que recuerda una mezcla de Kill Bill y los Spaguetti Western de los 70, mientras que la escena de entrada está calcada de Sin Perdón. Pasada la escena inicial, llega Hans Landa a la cabaña y la cosa va de forma bastante seria e inquietante, dejando a un lado el exceso de insultos proferidos hacia los judíos, el hablar lento y cansino de Landa y la innecesaria chachara con la que somete al francés (y a los espectadores) que realmente no tiene mucho del humor negro que caracteriza esos “interminables diálogos” tan de Tarantino. Pero todo se viene abajo en el momento en que Landa saca la pipa, la obligada carcajada rompe toda la tensión y la seriedad y hace que el derrumbe del francés y la matanza posterior parezcan un chiste y no el terrible acontecimiento que pretendía ser.
Se nos presenta así la historia de Shoshanna, la mejor historia de las que componen la película y que de haber quedado en solitario y sin tonterías (como la de la pipa) habría sido una magnífica película.

Los Bastardos
En el segundo segmento, Tarantino mete otra historia en la película, la que da título a esta, la historia que servía de gancho comercial y en definitiva, la que queríamos ver, un grupo de prisioneros judíos que son presentados como en el comienzo de Doce del Patíbulo, con un Brad Pitt caracterizado como Marlon Brando para el papel estelar de la película, Aldo el Apache.
Se nos prometía, o eso pensábamos, una película en la que este comando de prisioneros sembraría en Francia el caos entre las tropas alemanas, llevando a cabo misiones de guerrilla y (tal vez) alguna misión final de envergadura, no era descabellado pensar esto ya que se nos prometía una película estilo Doce del Patíbulo, Los Cañones de Navarone, etc. No obstante, tras la estelar presentación y tras una escena estúpida en la que aparece un Hitler demasiado caricaturizado, de repente, zas! Resulta que los Bastardos ya llevan meses operando en Francia, y nada de eso, nada de lo que queríamos ver, se nos ha mostrado. A mí, la verdad, este es el punto que más me decepcionó de toda la película, y es que después de prometernos un argumento, e imaginármelo en la cabeza, todo ese argumento era obviado en pantalla y reemplazado por otra película, que la verdad, no era lo que esperaba ver.
A la mayoría, no obstante, le encanto el final de este segmento ya que si presenta una de las acciones típicas de los Bastardos, a mí, francamente, me pareció un sketch gracioso, pero falto de sentido y de coherencia con toda la película. Que alguien me explique, si no, como puede ser que en plena matanza de alemanes, después de montar la carnicería de las cabelleras, tengan que montar el teatrillo final, ese en el que acojonan a los 3 supervivientes para que uno de ellos lo cuente, la verdad, la cosa podría tener sentido una vez, pero después de la fama que tenían, ¿es realmente necesario montar el teatrillo cada vez que atacan a un pelotón alemán?, y peor aún, por qué, durante todo el numerito, Donnie Donovitz, el Oso Judío, que tanto disfruta matando alemanes, permanece metido dentro del túnel, dando vueltas con el bate como un niño autista, en espera de que tal vez le dejen apalear un alemán (¿¿solo uno??, tío, tus colegas se están cebando a gusto y tu estas a la espera de que te dejen apalear a un gilipollas que además está atado, y luego, sales con toda la pachorra del mundo, haciendo el idiota, y hablando sobre baseball, como si fueras el mayor héroe del Ejercito). La cosa acaba con un soldado al que “escarifican” una esvástica en la frente, esvástica que cicatriza sorprendentemente rápido.
No hablemos del Sketch-Flashback intercalado de como reclutan a Hugo Stiglitz, la historia de Hugo es de lo mejor de la película, el rescate de Hugo, a tiros en una cárcel, me parece bastante fantasioso (¿entras a tiros y te pones a hablar en la puerta haciéndote el interesante?)
En fin, la verdad, esta parte no resulta del todo mala, como sketch, pero englobada en la película y pretendiendo ser coherente, resulta francamente ridícula.

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