domingo, 18 de diciembre de 2011

Kin Dza Dza!



Recuperando la antigua sección de cine no americano, hoy traigo una película que vi hace más de un año, y que no se por qué he tardado tanto en comentarla, la verdad.
Hace poco, con el tema de las distopías, ya dije que destacaba como distopía rusa, de las pocas o escasísimas que hay. Muchas cosas pueden decirse de ella, rusa, rara, buena, interesante, pero creo que es rara el adjetivo que se lleva la palma, rara de cojones, de las mas raras que he visto.
Dirigida por Georgi Daneliya en 1986, trata de dos personajes, Tio Vova y El Violinista, dos humanos normales que no se conocen y un día paseando por la calle coinciden en tiempo y lugar. En ese preciso instante son teletransportados al planeta Plyuk, de la galaxia Kin Dza Dza. El planeta es totalmente post-apocalíptico, un planeta desértico plagado de restos de chatarra (atrezo realizado a partir de restos de aviones). La sociedad de este planeta esta dividida en dos clases, la acomodada y la clase baja. La clase baja vive en una total miseria y viven prácticamente a base de mendigar, especialmente traficando con cerillas (aparatos codiciadísimo). El líder del planeta es un tal Pe-Zhe, personaje casi desconocido al que todos rinden culto.
Se mueven por el planeta en una especie de estrafalarias naves espaciales, acordes con lo estrafalario de la población en general, que tiene una serie de saludos protocolarios y bailes realmente de risa. Además, como se comunican por telepatía, el vocabulario es realmente reducido, así que además de una decena de palabras, la que más utilizan es “ku”, a no ser que quieran denotar cierto enfado, entonces utilizan “kiu”.
La película narra las peripecias de los dos teletransportados por volver a su planeta y recuperar su vida. Al llegar al planeta, encuentran a dos tipejos pintorescos, de los que harán uso para intentar regresar, y, si es necesario, pasando por encima del mismísimo Pe-Zhe.
La verdad es que es una película muy rusa, tal vez demasiado rusa, lo que la hará poco comprensible para gente no rusa, o no acostumbrada. Además, aunque en Rusia es una película de culto, en el resto del mundo apenas es conocida, de ahí que solo pueda conseguirse en ruso, y con suerte con subtítulos en castellano (aunque subtítulos en inglés no deberían representar mucho problema). Y a pesar de tener un comienzo genial, y una primera parte bastante interesante, hacia el tercer cuarto se vuelve demasiado rara, y algo aburrida, pero lo compensa con un gran final.
Superados estos obstáculos, el que se atreva, disfrutará de una gran película, una de esas que además de disfrutarse en el momento, luego se recuerdan, y mucho. Una de las escenas que mejor retratan la película, así como el mundo ruso de los 80, aparece casi al principio, cuando los personajes encuentran a la pareja de paisanos de Plyuk, ante el absurdo ritual de saludo, Tito Vova comenta “Deben ser capitalistas…”

Ku!

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